Calatayud, ubicada en pleno cruce de caminos entre ambas mesetas, es un enclave donde respirar vida activa al mismo tiempo que historia. Celtas, romanos, árabes y cristianos han dejado su huella en esta ciudad repleta de pequeñas placitas y de grandes jardines que, junto a su conjunto histórico, la convierten en una ciudad de visita obligada  en Aragón. Su muralla, de 2.250 metros de recinto fortificado, ha mantenido el paso del tiempo once siglos, dándole todavía en nuestros días un encanto especial a la ciudad.

Calatayud es también un lugar donde disfrutar de la gastronomía. Carnes, embutidos, repostería y confitería son los principales reclamos culinarios sin olvidar los vinos de la comarca, con su propia denominación de origen.

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DE REGRESO A LA CIUDAD MEDIEVAL

El 1 de junio, Calatayud se convierte en una ciudad medieval para conmemorar la conquista a los mozárabes por Alfonso I ‘El Batallador’. Es conocido como la celebración de las Alfonsadas, que coinciden con las fiestas patronales de San Íñigo. También con motivo de San Roque, los días 15 y 16 de agosto se celebra la multitudinaria fiesta de las Peñas Recreativas, declarada de interés turístico en Aragón, con charangas, vaquillas, encierros y la romería nocturna hasta la ermita del santo.

En los primeros días de septiembre, se celebran las fiestas en honor a la patrona, la virgen de la Peña, con conciertos, exposiciones, toros y la magnífica procesión del Rosario de Cristal, la más antigua de Aragón.

0023Calatayud, Conjunto Histórico y Monumental desde 1967 y su Mudéjar, Patrimonio de la Humanidad desde 2001, ofrece un paseo agradable y repleto de belleza por descubrir.

La Colegiata de Santa María es el monumento fundamental de Calatayud. Su vertiginosa torre mudéjar octogonal, de 68 metros de altura, domina la estampa urbana. Edificada sobre una mezquita, conserva el claustro mudéjar, el único que queda de la que algunos han llamado la ‘ciudad de los claustros mudéjares’, y la sala capitular.

También el castillo Mayor, o de Ayyub –de donde proviene el nombre de la ciudad-, en lo más alto del paraje, se convierte en el lugar idóneo para contemplar el cerco y la ciudad. Además, es lo mejor conservado de la vieja fortaleza, con sus dos torres y el adarve que las une.

1011-jorge-miretTambién podemos disfrutar de un magnífico paisaje desde el Yacimiento Arqueológico de Bílbilis, desde donde se divisa Calatayud a su derecha, con el Castillo Mayor presidiéndolo y a su izquierda la sierra Vicort y por detrás la de Armantes, así como los meandros que va dejando el río Jalón a su paso a los pies del Yacimiento.

Y para conocer con más detalle la ciudad puedes atravesar la Calatayud Monumental, la Judería o el Conjunto Fortificado Islámico y  la morería. Destaca también, el conjunto creado por la Compañía de Jesús, en el que destaca la Iglesia de San Juan el Real, con sus pechinas pintadas por Francisco de Goya.1011-jorge-miret

0051Calatayud es actualmente una ciudad muy bien comunicada. A 15 minutos de Zaragoza, 55 minutos de Madrid y a dos horas de Barcelona, la línea de Alta Velocidad permite un viaje cómodo y rápido a los enclaves más relevantes de su entorno.

Calatayud dispone de taxis y de autobús urbano con bono que comunica las diferentes zonas de la ciudad. También existe una red de autobuses interurbanos para el desplazamiento a los pueblos de la comarca, Zaragoza, Madrid y Barcelona.

Para los visitantes más ‘verdes’, Calatayud dispone de dos senderos asfaltados, como zona de paseo, en la misma ciudad, paralelos al río Jalón y a la fértil huerta de la zona. Pero son innumerables de cantidad de caminos rurales que se pueden recorrer, en la zona de La Charluca, con protección ZEPA y LIC, con especies vegetales y animales protegidas o, en parajes como Cifuentes, Valdeherrera, Valdearenas, Anchada, etc. La urbe está rodeada de dos zonas montañosas como son la de Armantes y la de Vicort, pertenecientes al Sistema Ibérico, a unos 5 kilómetros de distancia como máximo de la ciudad, que permiten practicar senderismo, bicicleta de montaña, excursiones a caballo, etc. En el río Jalón suele practicarse pesca, piragüismo y un poco más alejados, en el pantano de la Tranquera, se practican otros deportes acuáticos. También, al ser zona montañosa, puede realizarse escalada. Otras rutas que te pueden interesar son las que te adentran en el yacimiento arqueológico de Bílbilis o las que te llevan a los miradores de Calatayud.

Otra forma de conocer Calatayud es a través de sus múltiples ferias, como la del mes de abril, denominada Tapean D.O., dedicada a las tapas y a la promoción de los vinos de la zona. En septiembre también se celebra la feria del ajo, que cuenta con una tradición de más de 70 años y la Feria de Muestras.

En Calatayud también puedes encontrar diversión hasta altas horas. Hallarás varias zonas de pubs y un amplio número de bares en pleno centro que te permitirán disfrutar de una jornada de tapas, música y diversión.

Donde hay historia también hay espacio para los buenos manjares y en Calatayud es imprescindible la tradicional ruta de tapeo por los numerosos bares con los que cuenta la ciudad. Son dignas de consideración las verduras de su fértil vega, y de ellas la borraja y los garbanzos con congrio o garbanzos a la bilbilitana. En lo relativo a carnes, el cordero joven, llamado ternasco, asado o en guiso, merece mención especial. Si te gusta el embutido de cerdo, no te pierdas los fardeles, las güeñas, la longaniza y las morcillas de hígado o de cebolla. Todos estos platos, regados con un buen vino, serán un placer para los sentidos. Para ello, recomendada es la Hospedería de Calatayud “Mesón de La Dolores”, un excelente lugar para degustar los platos típicos o para conocer también el Museo de La Dolores y el Centro de Interpretación de los vinos de la Denominación de Origen Calatayud. Como decía una copla, “Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores”, un personaje nacido en el siglo XIX que ha alcanzado un gran reconocimiento.

Además de las rutas de tapeo, la zona comercial del centro de la ciudad te permitirá conocer muchas tiendas de decoración y artesanía. Y, como recuerdo, nada más dulce que pasar por una confitería y probar el bizcocho de ‘suela’ y frutas de Aragón, pequeños trozos de fruta confitada cubierta de chocolate, las guindas al marrasquino, los san roquicos (guirlache con chocolate).

Como visita que dejará un curioso recuerdo no te pierdas la Sierra de Armantes desde donde se contempla un paisaje que parece lunar, con pequeñas colinas y barrancos sin fin, dominados por los colores claros que suele producir el material yesífero. Las zonas más altas presentan colores oscuros, rojizos, por sus tierras arcillosas.