Llegar a Palencia es llegar a casa, la casa que han ido eligiendo generaciones y generaciones, desde los más remotos orígenes, dejando cada una sus vestigios, como recuerdos de familia. Recuerdos que se guardan en vitrinas de museos, como el Centro de Interpretación de Victorio Macho, el Museo Diocesano, el Museo Arqueológico o el Museo del Agua, o que jalonan las calles en forma de esculturas :El Cristo del Otero, o edificios monumentales, religiosos :La Catedral o civiles: La Casa Junco, en la Calle Mayor.

Una ciudad donde todo ocurre en un entorno acogedor que te recibe en sus plazas y parques, donde los ritmos se acompasan para vivir la vida sin ser arrastrados por el tiempo. Una ciudad que no se exhibe, pero ama ser mirada desde dentro a través de la Calle Mayor y desde fuera a través de los miradores del Cristo del Otero o del Monte el Viejo. Es fácil extender a toda ella el apelativo de su catedral: La Bella Reconocida.

Y, como en toda casa que se precie, la visita queda recompensada a la hora de la comida, reencontrándonos con los sabores que la tierra y la tradición han grabado en la memoria gastronómica de sabios y repletos fogones.

Las primeras impresiones que recibe el viajero al dejar el AVE en Palencia dan la pauta de lo que se va a encontrar en su recorrido por la ciudad. El parque de los Jardinillos (primicia de otros muchos, como el del Salón, la Huerta de Guadián, la Isla Dos Aguas…), es el encargado de dar la bienvenida, junto a las puertas de la estación y de colocarnos por un lado frente a una de las zonas monumentales e históricas de la ciudad, con los Conventos de San Pablo, Santa Marina y de la Piedad, y por otro, con el eje más representativo de Palencia, la Calle Mayor, con su zona comercial flanqueada por hermosos edificios civiles con soportales, miradores y una característica decoración, debida en muchos de ellos al arquitecto Jerónimo Arroyo.

Un recorrido por sus monumentos debe incluir necesariamente, entre los religiosos, la Catedral (la Bella Reconocida), las iglesias de San Miguel, las Claras, San Lázaro, San Juan Bautista (con su Punto de Información del Románico) y Nuestra Señora de la Calle; y entre los civiles, la Diputación, el Mercado de Abastos, los puentes sobre el río Carrión y la Plaza Mayor. Aunque quedarían más por ver, hay que dejar tiempo para los museos. Palencia cuenta con una variada oferta museística, como el Museo Arqueológico, situado en la Casa del Cordón, el Museo Catedralicio, el Museo Diocesano, el Centro de Interpretación de Victorio Macho, a los pies del Cristo del Otero, el Museo del Agua, en la Dársena del Canal y el existente en la Fundación Díaz-Caneja.

Para conocer la ciudad en sus momentos más brillantes, lo mejor es compartir sus fiestas. Las romerías de San Marcos o de Santo Toribio, el día de las Candelas (2 de febrero), la Feria Chica o la de San Antolín (2 de septiembre), la Semana Santa o el Carnaval llenan de ambiente festivo las calles y acogen encantados a los visitantes.

Palencia siempre ha sido una encrucijada de rutas, gracias a su estratégica situación geográfica, que la convierte en punto de enlace ideal con otros destinos a nivel nacional e internacional, estando perfectamente conectada con las ciudades del centro y norte de España y con Europa.

Se encuentra a menos de media hora de autovía de la capital castellano-leonesa, Valladolid, con un flujo constante de trenes, en la actualidad muy rápidos con la llegada del AVE y autobuses entre ellas. También existe comunicación viaria igualmente cómoda por autovía con las demás capitales de la Comunidad Autónoma y con Cantabria.

La amplia y variada riqueza patrimonial de la provincia de Palencia ha supuesto el desarrollo de diferentes rutas para recorrerla: la Montaña Palentina, el Camino de Santiago, el Canal de Castilla, las rutas del Románico, las Villas Romanas, el Cerrato, Tierra de Campos, ofreciéndote un gran abanico de posibilidades para satisfacer tus preferencias y hacer que tu visita sea inolvidable.

Son muchos y muy acogedores los espacios en los que disfrutar del tiempo que se pasa en Palencia. Además de los parques y los jardines distribuidos por toda la ciudad, contamos con entornos naturales amplios, abiertos y tranquilos, donde realizar deportes y actividades variadas al aire libre, descansar o encontrar a otras personas con gustos afines: el parque Ribera Sur, las Huertas del Obispo y el Sotillo, el entorno de la dársena del Canal de Castilla o las Eras de Santa Marina.

Hay dos lugares que proporcionan una vista privilegiada sobre la ciudad: el otero donde se yergue la estatua del Cristo que diseñó el escultor palentino Victorio Macho, y el mirador de la Casa Pequeña del Monte el Viejo. Este monte, pulmón natural de la ciudad, con sus pistas deportivas, una de las piscinas municipales, la reserva de ciervos y los múltiples caminos que lo recorren, está ligado a muchos momentos de vida familiar y de diversión con los amigos. A ocho kilómetros del centro de la ciudad, en Autilla de Campos, se encuentra otro mirador que abre una deslumbrante perspectiva sobre una buena parte de la provincia.

Palencia es una ciudad prácticamente llana, por lo que resulta fácil moverse por ella en bici o en patines. Los carriles bici que la recorren facilitan tanto rutas como tranquilidad para hacerlo.

Y cuando llega el momento de descansar y reponer fuerzas, nada como sentarse en cualquiera de las terrazas de las zonas peatonales o recorrer los establecimientos de restauración, donde se puede elegir entre una amplia oferta de posibilidades de picoteo, de comida más rápida o más calmada y de platos tradicionales o más vanguardistas.

Palencia capital, situada en la zona sur de la provincia, disfruta de una rica gastronomía, destacando la sopa castellana y la menestra palentina, aunque el plato más solicitado y conocido es el lechazo, asado o entre asado. Las chuletillas de cordero son uno de los platos más exitosos de nuestra cocina.

Los productos típicos que se pueden encontrar en la provincia son las truchas, los caracoles, típicos para comer en la festividad de San Marcos o en Santo Toribio, los cangrejos de Herrera de Pisuerga, el queso…

Como escaparate de los buenos productos de Palencia, se celebra el primer fin de semana de octubre la feria Naturpal, donde se dan cita los mejores artesanos de los productos gastronómicos palentinos.

Y como toda comida culmina en un gran postre, no dejaremos de degustar la leche frita, los tocinillos de cielo, las hojuelas con miel o las rosquillas. ¡Solo de pensarlo, dan ganas de coger el primer AVE hacia Palencia!

Cuando vengas, indudablemente querrás llevarte algo nuestro para ti o para extender la experiencia a los que te importan. Hermosos rincones fotografiados conservarán la huella de tu presencia junto a nosotros. También algo de nuestra tierra marchará a tu lado, como la cerámica, nuestras delicias naturales o elaboradas, los dulces… Y, una experiencia grata para que no te olvides de dónde tienes que volver.

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